LOS CONCIERTOS
Esta pequeña disertación sobre los
conciertos viene de hace tiempo. Muchas son las veces que hemos divagado
acerca de un tema en el que todo el mundo tiene algo que decir. Muchas
han sido las veladas con amigos, alrededor de una o varias cervezas,
donde las conversaciones tornan de forma caprichosa, merodeando diferentes
temas en una misma tertulia.
Generalmente este razonamiento se ve engrosado a las puertas de los
conciertos, donde la gente se queja de forma insistente del precio de
las entradas o de la ubicación del espectáculo. El tema
da para largo y es que como siempre, hay dos puntos de vista. Uno es
el del consumidor; la audiencia; el público... Y el otro los
músicos; los artistas; los profesionales...
En el primero de ellos, el público, suele
quejarse de los precios tan altos (en algunos casos estratosféricos)
que cobran los segundos, los profesionales. Aquí hay que tener
en cuenta diversos matices: La nacionalidad de los artistas, ya que
no es lo mismo ser del territorio nacional, que ser de países
del norte de Europa o de EE.UU., donde sólo por el desplazamiento
del equipo, el alojamiento, el alquiler de la sala, etc. deben hinchar
la tarifa para obtener beneficios. Otro tema es la propia sala donde
se va a dar lugar el evento: cada sala tiene un caché, y por
tanto, dependiendo de las dimensiones será más o menos
cara. Añadido a éste punto hay que observar el hecho de
que si por un casual el recinto es propiedad del ayuntamiento hay que
añadir una tarifa de mantenimiento y limpieza. Supongamos que
otro tanto por ciento se lo llevará la promotora y el bolsillo
de algún espabilado funcionario, no ajeno a la encantadora idea
de enfundarse un patrimonio extra no declarado a hacienda. Otras razones
por las que el precio de un espectáculo puede variar es la popularidad
del artista en cuestión, y es que cuanto más grande es
la banda, más bolsillos tiene que colmar y por ende más
rémoras salen al paso para aprovecharse de dicha coyuntura.
Teniendo en cuenta que el nivel económico
en España, no como nación, sino de sus conciudadanos es
realmente baja (aunque algunos políticos traten de hacernos ver
que un joven de entre 25 y 30 años tiene un sueldo medio de 1200
euros) las posibilidades de asistir a estos eventos se ve diezmada dada
la escasa liquidez de los interesados. Por tanto, si durante el transcurso
de un mes tienen cabida una cantidad de por ejemplo cinco conciertos,
una persona de edad comprendida entre las arriba mencionadas se verá
imposibilitado para cubrir la asistencia a dichos eventos
(recordemos) culturales.
Hay diferentes formas de enfocar el problema.
Un músico dirá que el modo de solucionarlo es que los
interesados asistan a la mayoría de conciertos posibles y así
asegurar a otras bandas que pudiesen estar interesadas, que España
es un sitio donde los grupos pueden permitirse ir a trabajar sin temor
a perder dinero. De esta forma y con el paso del tiempo las salas abaratarían
sus precios, sabiendo que los conciertos que aquí acontecen cubren
las expectativas tanto de los músicos como de la propia sala.
Otro tema sería que los empresarios y dueños de estos
locales no quisieran abaratar sus importes para así amasar dinero
de forma más rápida, con lo cual volveríamos al
mismo punto de partida: el actual.
Otro punto de vista es el del público, que
puede argumentar que las salas donde se dan cita los conciertos no suelen
estar a la altura de las circunstancias, teniendo en muchos casos unas
carencias claramente reprochables en cuanto a la acústica o el
equipamiento... por no hablar de lo insalubre de sus productos, pagados
eso sí, a precio de oro negro (por eso de ser líquido).
También se podría añadir el hecho de que en muchos
casos la profesionalidad de determinadas formaciones musicales distan
mucho de ser eso: profesionales. Dando espectáculos poco dignos
del precio al que han obligado a pagar a sus seguidores.
Los factores no hacen sino converger a medida
que este razonamiento avanza. Simplemente se puede añadir casos
hipotéticos (o reales) para hacerse una idea de los diferentes
puntos de vista para enfocar la posible solución. Puede darse
el caso de que una banda venga de gira y dicha formación sea
reconocida de forma diferente en unos u otros países. Su nivel
adquisitivo hace que la parafernalia de su espectáculo sea abultada,
pero que en este país tenga que conformase con una sala que cubra
las expectativas únicamente respecto a la venta de entradas.
Por tanto estamos ante el desaprovechamiento de un espectáculo
que, de ser la sala (y por tanto el escenario) más amplia, podría
ser mucho mejor la utilización de los recursos puestos por el
grupo para cautivar a sus seguidores. Al verse obligados a empobrecer
su espectáculo los profesionales se irán con un mal sabor
de boca, ya que han tenido que acarrear todo el equipo para en realidad
no aprovecharlo, pagando los costes del desplazamiento. A su vez la
audiencia podría salir descontenta debido a la pobre puesta en
escena del conjunto, yéndose con una sensación de desazón
y de haber derrochado el dinero. (King Diamond)
Hace poco ocurrió que una banda tan internacionalmente
conocida como Metallica dio un único concierto en todo
el territorio y curiosamente no fue ni en la capital ni en otra de las
ciudades mas grandes, como Barcelona o Valencia. El evento se llevó
a Zaragoza. Una ciudad importante, sin duda, pero para un único
concierto de tan afamada formación en toda España lo más
lógico hubiese sido llevar la parafernalia a una ciudad más
grande o mejor aún: a varias, a parte de la ya mencionada anfitriona.
Por supuesto, no queremos dar a entender que fuese injusto que el concierto
se ubicase en dicha ciudad. Simplemente queremos hacer ver que en toda
esta plática hay muchos patrones que estudiar.
Otro podría ser el reciente ejemplo de Nightwish. En todas
las ocasiones que habían visitado nuestro país para ofrecernos
su producto se había reducido únicamente a Barcelona como
ciudad o a festivales de verano. Esta última vez habían
engrosado la lista de ciudades a visitar y ocurrió que por ejemplo
en Madrid la demanda de asistentes había desbordado con creces
las expectativas de la promotora, teniendo que trasladar el acontecimiento
a una sala mucho mayor y que, curiosamente, dicho emplazamiento fuese
uno de esos donde el público no se siente cómodo con el
sonido que se consigue en un recinto (puntualicemos) sellado y con un
techo en forma de cúpula (lo cual produce un continuo rebote
de las ondas sonoras) . Añadido a esto hay que hacer mención
a la triste cancelación del programa de los artistas invitados,
que eran otro de los reclamos de la noche.
Algo que de verdad es aún más incomprensible
y que, aunque esté fuera del Heavy Metal, es totalmente válido
para exponer aquí, sería lo que ocurrió con Björk.
Hace tres años esta artista islandesa quiso visitar nuestro país
en una pequeña gira reducida a dos únicos bolos ( Así
se denomina a las fechas de conciertos entre los músicos), donde
el espectáculo giraba en torno a una orquesta sinfónica.
La artista pidió que los conciertos tuviesen lugar en recintos
apropiados, como teatros o auditorios donde la acústica es propicia
para la instrumentación de la que hacía uso. La negativa
del ayuntamiento de Madrid fue rotunda... y esto hizo que Björk
cancelase una de esas dos solitarias fechas. En cambio Barcelona sí
dio su consentimiento a la artista, cediendo el Liceo. El precio de
la entrada fue de 9.000 pesetas... Pero al menos se dio vía libre
a la realización del espectáculo en las condiciones lógicamente
requeridas.
Bien podría darse el caso donde una banda
reconocida no llegue a un mínimo de asistencia de público
para costear gastos; donde una formación con un caché
inferior se vea desbordada por la demanda de entradas; que una negativa
del ayuntamiento de la ciudad en cuestión trunque las ilusiones
de tantas personas; que las carencias de un local eclipsen el esfuerzo
de los músicos...
Entonces, ¿ Cuál es la solución?
Se puede dejar de asistir a estos eventos como
protesta, lo cual sería un acto disuasorio muy efectivo para
todos aquellos grupos interesados en ofrecernos su talento. O bien se
puede tomar la determinación de hacer una huelga a la japonesa;
esto es asistir de forma compulsiva, casi mimética a todos los
conciertos a los que uno sea capaz. De éste modo se creará
una simbiosis entre la oferta y la demanda abaratando el precio de las
entradas, haciendo ver que es rentable este negocio y también,
y muy importante, abriendo un abanico de posibilidades para todos esos
profesionales que desean venir a tocar y se ven en la necesidad de relegar
nuestro país por temor a la ruina económica.
Ahora surge un nuevo problema: Los conciertos ( y esto no es por el
hecho de vivir en España, si no que es algo que ocurre en todos
los países) suelen reducirse a unas pocas fechas en diferentes
ciudades. Obviamente esas ciudades agraciadas suelen ser las más
grandes o conocidas. Demonios!!!, es una auténtica jodienda para
los que no pertenezcan a grandes ciudades... Pero es lógico.
Así que, si al precio de las entradas ya de por sí abultado
sumamos el transporte y ( en el peor de los casos) una noche de hotel:
el precio total para la asistencia a un evento de estas características
es prohibitivo.
Nos toca hacer algo. Y no basta con decir "SI":
Tenemos que acudir sin atormentarnos con la idea de que algún
promotor se va a llenar los bolsillos a nuestra costa, o que el grupo
dará un mal concierto... Tenemos que ir siempre que nos sea posible.
Llenar los estadios. Demostrar que somos muchos: que no somos esa minoría
a la que los medios nos quieren relegar; que no estamos ni sordos ni
ciegos y que no nos vamos a rendir.
Nosotros tenemos la última palabra.
Metal4All