23 de Junio de 1977. Madrid. Un hospital del que nunca recuerdo su nombre. Víspera de la noche de San Juan. El médico que atendía a mi madre tenía prisa por irse, ya que se quería ir de puente y, manda cojones, se llamaba Juan. Yo no quería salir, estaba muy a gustito, de modo que practicaron una cesárea alegando cualquier estupidez. Este profesional en cuestión debía tener tanta prisa que, al sacarme a mí se llevó también parte del sistema reproductor de mi madre…
Yo no me acuerdo de nada.
Pero sí recuerdo la cicatriz de mi madre.
El caso es que soy hijo único. Me he pasado la infancia prácticamente solo. Tal vez por eso soy un tío bastante solitario. Voy muy a lo mío. Si no me apetece estar con nadie, se me nota. Adoro el silencio. ¿Sabéis esa frase que se usa mucho de “llenar los silencios incómodos”? Para mí no hay silencios incómodos. Lo que sobra es mucha conversación estúpida y vacía. Si no hay nada que decir ¿por qué forzarlo?
Cuando cumplí una cierta edad, digo yo que a los siete u ocho años, me empecé a interesar por la música. Era plena Movida Madrileña, años ochenta. A mi todos esos grupos la verdad es que me daban bastante por saco, pero no había otra cosa. De vez en cuando ponían algo decente por la tele, en programas como Tocata o Plastic. Había cosas curiosas, como Michael Jackson, Tina Turner… el vídeoclip del “Thriller” me gustaba mucho. Me daba miedo y a la vez me fascinaba lo bien que bailaban los zombies. De todas maneras los cementerios no me gustaban… por si acaso.
En esa época salió la revista Super-Pop. Yo me la compraba, por si Samantha Fox o la Sabrina salían enseñando las tetas, pero no había manera. Con el paso del tiempo me di cuenta de que las revistas de esa índole eran de otro tipo. En el aspecto musical, había canciones que eran muy buenas, pero les faltaba algo. No sabía qué era lo que le faltaba a grupos como A-Ha, Bananarama, The eighth wonder, Pet shop boys, Madonna, etc. Las canciones no estaban mal del todo. Además podía escucharlas casi todos los días en la tele… Pero les faltaba algo.
En 1986 unos tal “Yurop” (Europe) sacaron un disco que se hizo muy famoso. Sonaba a todas horas y en todos los sitios. “The final countdown” consagró a una banda de chicos suecos y a mi me hizo interesarme aún más por la música, de modo que le pedí a mi padre que me consiguiera la canción. Al cabo de un par de días llegó con una cinta grabada. Traía hasta fotocopia de la portada y todo. En un principio me decepcionó: me había grabado más cosas. Le di la vuelta a la cinta y a parte de la canción famosa, venían más canciones… No tenía ningún sentido para mí. Yo sólo quería el “The final countdown”. ¿A qué venía que metiesen más canciones? Yo no las quería. Fue entonces cuando mi madre empezó a instruirme en eso de los discos, los singles etc. Resulta que un LP era un larga duración, y solía tener entre ocho y diez canciones por lo general. Qué curioso.
Como no tenía nada mejor que hacer, me dediqué a escuchar la cinta a todas horas. Resultó curioso que el resto de canciones también fuesen muy chulas. El “Rock the night”, “Cherokee” o el “Ninja”. Cuando salían por la tele yo me emocionaba. Parecían chicas, con el pelo largo y la cara maquillada. Pero me gustaba mucho.
Con el paso del tiempo me enteré que no eran mariquitas ni nada por el estilo. Resultaba que todo era fruto del Rock Duro… Yo supuse que aquello era como Miguel Ríos, pero con mala leche. Ni bienvenidos ni ostias: aquí pilla hasta el apuntador si es preciso… Algo así.
En el telediario salió la noticia de que Scorpions tocaban en el Rockodromo de Madrid. Estaba claro –“El Rockodromo es donde tocan los grupos de Rock”-, pensaba yo.
Pusieron unas imágenes y me gustó mucho la energía que desprendía aquella gente. Mientras tanto en mi cabeza resonaba eso de “los heavys son gentuza. Todos drogadictos”. Quité la tele. Creo que me dio la sensación de que algo malo se me iba a pegar; como la lepra o la drogadicción…
Un compañero de colegio me grabó una cinta con varias canciones de Scorpions y Def Leppard. Estaba bien. Me iba acercando a lo que yo buscaba.
Este mismo compañero (allá por sexto de E.G.B.) me dijo que tenía un disco de Iron Maiden. Le dije que me lo dejara: ya había oído ese nombre en varias ocasiones y sentía curiosidad.
Esa misma tarde, al volver de la hora de la comida se presentó en el patio del colegio con un vinilo de Iron Maiden… Killers. No podía dejar de mirar la portada. Era lo más increíble que había visto en toda mi vida. Que bestial!!!! Un tipo sin piel y con el pelo largo blandía un hacha ensangrentada y de su camiseta colgaban dos manos moribundas. Sin duda alguna, alguien le había molestado… Inolvidable. El caso es que el vinilo se volvió con él a su casa, porque yo no tenía forma de hacerlo sonar.
El nombre de Iron Maiden estaba en mi cabeza constantemente. Un día estando en casa de mis primos, le comenté a uno de ellos (más mayor que yo) si él sabía de la existencia de Iron Maiden. Me dijo que si, pero que eso iba a ser demasiado fuerte para mí. Yo le dije que no. ¿Demasiado fuerte? Se baja el volumen y ya está, ¿no?. No tenía nada de los mencionados en vinilo. La cassette no funcionaba, pero al parecer sí tenía algo que podía estar a la altura. Me dijo que le siguiera. Yo obedecí. Nos encaminamos al salón, al tocadiscos… Junto a éste había una pequeña montaña de vinilos. Los miré fascinado mientras él hurgaba. Al final encontró lo que buscaba y con delicadeza extrajo el disco de su funda. Mientras lo colocaba en el plato y lo limpiaba con una gamuza, yo observaba la portada… No era como la de Iron Maiden!!!
En esta había un tío con cara de psicópata tirado en el suelo de lo que parecía un desván, con su mano izquierda apoyada en el suelo y en la derecha un crucifijo, amenazando con tirártelo a la cara si decías algo que le perturbase aún más de lo que a priori parecía ya. Tenía una túnica, como si fuese un obispo. Yo no entendía nada. En ese momento los pequeños crujidos del disco rompieron mis pensamientos. Aún me reconforta mucho ese sonido: me recuerda al de una hoguera, como la madera que arde lentamente y de vez en cuando cruje porque está húmeda o tiene alguna parte verde.
Un órgano de iglesia empezó a sonar con unos acordes que inundaron todo el salón. Era una melodía que se quedaba a la primera en la cabeza. Otras melodías se iban uniendo a la primera, como si fuese una procesión. Después silencio. Y la voz de Ozzy pronunciando unas palabras que no entendía. “Mr. Crowley”.
Lo había encontrado. Era “eso” lo que le faltaba a los demás grupos…
A medida que avanzaba el tiempo me introduje más y más en esto del Heavy Metal. Y ni soy gentuza ni soy drogadicto. Estoy orgulloso de ser fiel seguidor del Heavy. He aguantado toda la vida preguntas como ¿Y por qué eres Heavy?, ¿No te termina doliendo la cabeza?, ¿Te gustan los grupos esos que berrean?, Pero ¿no es ruido?, Terminarás mal: ya lo verás… Y todavía sigue, en pleno siglo XXI.
Hace cuatro años volví con mi novia de la adolescencia, tras siete de separación y alguna que otra relación de por medio, muchos litros de cerveza y diferentes trabajos. El destino hizo que nos tuviésemos que separar, y la distancia hizo el resto. Me compré un coche nuevo y para estrenarlo me vine a verla a Barcelona. Esa misma noche reanudamos nuestra relación y dos meses después vivíamos juntos. Estuvimos viviendo en Madrid durante nueve meses, pero a ella no le gusta el ambiente que hay allí; el estilo de vida. De modo que probamos suerte en Barcelona. Como comprar un piso era difícil incluso para unos chicos tan agradables como nosotros, pues nos tuvimos que alejar de la gran ciudad. Aunque también es cierto que a mi no me apetecía salir de una gran ciudad para meterme en otra; para eso me quedo donde estoy.
Tras buscar pisos, nos quedamos con el más barato y, curiosamente, el mejor de todos los que vimos. Casas medio derruidas, piscinas que más bien eran un agujero en el suelo cavado por un niño, habitáculos y zulos varios… Y aquí estamos. Tratando de salir adelante día a día. Personalmente un poco acojonado por el tema inmobiliario. Me veo en la calle en cuanto vuelva de vacaciones. Si os tenéis que reforma el piso o la casa, ya sabéis: aquí el amigo XentriX sabe de luz, agua, gas, calefacción y aire acondicionado…
Pero soy feliz.
-XentriX- |